Lunes, 21 Agosto 2017

Artículos

El accidente del Pozo María

EL ACCIDENTE DEL
POZO MARÍA


Ya hace 25 años del día, posiblemente, más doloroso y recordado en el Valle de Laciana. Aquel 17 de octubre de 1979 se ha grabado con letras de fuego como la fecha en la que tuvo lugar el accidente de minería más trágico de la comarca lacianiega.

Alrededor de las siete y media de la tarde, en la capa 13 del Grupo María (en Caboalles de Abajo) a unos 150m de profundidad, entre los pisos tercero y quinto, Basilio Uría Cangas, Manuel Gómez Díaz, Adolfo Real Suárez, Emilio Pinillas Álvarez, Arselí Fernández Díez, Otilio Álvarez Fernández, Antonio Restrepo Vior, Manuel González Acero, José Auviaña Díaz y Alfredo Prieto Suárez trabajaban en el segundo relevo y la diosa fortuna, decidió que tuvieran allí su triste final.

Sus compañeros aseguran que escucharon una violenta explosión y que sintieron un fuerte golpe de viento pero cuando se acercaron a esa zona, apenas pudieron avanzar debido los gases y polvo allí acumulado, y que junto con una muy alta temperatura hacía que fuera imposible adentrarse más allá. Otros lo intentaron por arriba y por abajo, pero era imposible, el carbón lo había sepultado todo.

A partir de ese momento comenzaron las labores del rescate. Las aproximadamente 48h que duraron se hicieron eternas. Más de 2000 mineros perfectamente organizados hicieron los turnos necesarios hasta conseguir llegar y recuperar los cuerpos ya sin vida de sus compañeros. Durante esas interminables y angustiosas horas, en la bocamina esperaban familiares y compañeros de trabajo. Todos ellos tenían la esperanza de que les hubiera coincidido una bolsa de aire en una corona, ya que esa era la única posibilidad de encontrarlos con vida, pero aun así era complicado: las temperaturas eran muy altas. En el resto del Valle esas horas también se vivieron con mucha intensidad y aunque la esperanza es lo último que se pierde todo indicaba que sucedería un fatídico final.

Apenas se supo la magnitud de esta catástrofe minera, empezaron a llover muestras de solidaridad y apoyo. El telegrama de los Reyes de España que estaban en visita oficial a Suecia o el de Adolfo Suárez (Presidente de la Nación por aquel entonces) no se hicieron esperar. Otra muestra de la importancia de ese catastrófico día, la tenemos en que hasta entonces cuando un minero dejaba su vida en el trabajo sólo paraban sus compañeros más cercanos, pero esta vez, la totalidad de las cuencas mineras leonesas y asturianas pararon en señal de duelo, interviniendo la Administración al avisar a estas empresas de “que no den de baja a sus productores por la inasistencia al trabajo”.

En Caboalles de Abajo, el Villar de Santiago, Cuevas del Sil, Pando de Llano, Orallo, Marentes (Ibias) y Villablino se realizaron los funerales de estos 10 trabajadores a quienes la mina había sesgado su vida. El entierro más multitudinario fue en Caboalles de Abajo ya que además de ser la mayoría de los fallecidos de esta localidad y estar cercana al Pozo María, se tomó como lugar representativo donde reunir todo el dolor de este accidente. El parón general hecho por todos los sectores en la comarca y los miles de personas que vinieron de fuera, hicieron que la Iglesia Parroquial de Caboalles albergara el entierro más multitudinario en la historia de este Valle.

Una vez sobrepasado este punto comenzó la polémica y las distintas versiones. El comité de seguridad designado por el Comité de Empresa para esclarecer las causas que provocaron ese accidente, la Delegación Provincial de Industria y los dos sindicatos con más fuerza por aquel entonces (UGT y CCOO) elaboraron cada uno su informe sin ser capaces a llegar a unas mismas conclusiones aunque, eso si, a excepción del que finalmente fue el oficial y definitivo todos tenían posturas cercanas en las que diferían en algunos matices o apreciaciones.

En el mencionado informe oficial, que leyó la Delegación Provincial de Industria en un comunicado, hecho público en la sede del Gobierno Civil, se acepta la posibilidad de que hubiera habido una explosión sino un hundimiento (técnicamente llamado golpe de techo). A continuación se produjo “una embolada de aire con grisú y polvo de carbón, a la cual siguió un derrabe de las dos primeras series, con enterramientos totales o parciales; y se produjo también una caída de piedras sobre el barrenista”, un cortocircuito de su lámpara al romperse, provocó una deflagración (explosión con baja velocidad de propagación) “y esto a su vez produjo gases calientes con monóxido de carbono (venenoso), que al pasar a la galería llevo la muerte al maquinista y al ayudante”. Todo esto quiere decir que siete mineros fallecieron debido a choques traumáticos (de ellos, cuatro no presentaban quemaduras por lo que la deflagración fue posterior a ser sepultados por el carbón) y los otros tres asfixiados.

En el informe de UGT se incidía sobre todo en la falta de seguridad: que hubiera 8 lámparas de seguridad cuando eran necesarias casi 30, la gran cantidad de grisú localizada en la capa 13 dando un porcentaje del 1% en lugares ventilados, que el comprobador de perdida de carga de las lámparas eléctricas estuviera averiado o que “uno o dos grisuómetros estuvieran fuera de uso” hicieron que este sindicato apostara porque el detonante del accidente fue una explosión por ignición del grisú acumulado en la explotación.

El dossier elaborado por los técnicos de CC.OO. apostaba tajantemente por una explosión por grisú argumentando como pruebas las altas temperaturas a las que estuvo sometida esa zona; cables y bolsas de plástico deformadas y el empujador del martillo de perforar torcido. A ello, indicaban como más que posible detonante una vieja locomotora de baterías que ese día estaba trabajando allí, ya que no era antigrisú (como también lo reconoció el informe oficial). También se habla acerca de un corte en la ventilación del taller provocó un aumento en la concentración de gas.

El Comité de Seguridad, compuesto por trabajadores designados por el comité de empresa, en las conclusiones de su informe, al igual que los dos sindicatos, incidían en la falta de seguridad y que la presencia de la mencionada maquina de baterías junto a la deficiente ventilación pudieron ser la causa aparente del siniestro.


Nosotros desde www.LaCiaNa.com no queremos entrar en polémicas ni en apreciaciones personales sino que tras exponer las conclusiones de los informes elaborados, por todas las partes, dejamos que todos vosotros toméis la versión que creáis oportuna. Nuestra intención no es buscar un culpable ni una causa oculta que a lo largo de estos 25 años no se dio con ella. Tampoco queremos hacer de investigadores que metan los dedos en la herida. Nuestra única intención al hacer este especial es rendir un homenaje a los 10 trabajadores que dejaron sus vidas en las entrañas de la tierra y por supuesto a sus familias. A pesar de haber pasado un cuarto de siglo, nadie se ha olvidado de vosotros.

DATOS DE INTERÉS SOBRE EL GRISÚ

El Grisú es un gas explosivo que se desprende de las minas de carbón en el proceso de arranque de éste y que esta formado por la mezcla de tres gases: Metano, Nitrógeno y Anhídrido Carbónico

Para que se verifique la explosión de grisú se necesita que se cumplan las tres condiciones siguientes:

a) Que la relación del metano al aire este en una entre el 5% y el 15%

b) Que se le aplique una fuente de calor con una temperatura mínima de 650º C.

c) Que la mencionada llama de ignición permanezca durante un tiempo determinado en contacto con la mezcla grisuosa.

Si la concentración de grisú es menor al 5% se produce una llamarada, si esta entre el 5 y el 15% se produce una detonación porque la onda expansiva y la temperatura que alcanzan los gases son mucho mas violentas. En el caso de ser superior al 15% la muerte se produce directamente por asfixia.

A lo largo de la historia minera varias han sido varias las formas que se han tenido que buscar para recibir el aviso de la compañía de tan letal gas. Hasta los años 40 se usaba un canario para detectar su presencia. Los mineros entraban en la mina con una jaula con un canario, si éste caía era la señal inequívoca de que había grisú y los trabajadores huían corriendo del túnel para salvar su vida. A pesar de ello muchos fueron los mineros que perdieron la vida ante su enemigo más temido, (temido por ser invisible y silencioso).

A comienzos de los 70 los grisuómetros entraron en escena. Tras estudiar que el metano para entrar en combustión necesita una gran temperatura, se diseñó una lámpara con la que se pudiera detectar de una forma mas precisa el gas mas temido dentro de los trabajadores. Si la llama se alarga y vuelve azulada el peligro amenaza. Si se apaga… se debe salir lo antes posible para no morir por asfixia. El tamaño y tonalidad de la llama denota la concentración exacta del gas. Esta lámpara, llevada por el vigilante, ha de ser llevada sin movimientos bruscos y elevada lentamente ya que el grisú se acumula en la parte superior de las galerías.

En la actualidad los detectores electrónicos hacen esta labor de forma más precisa. La evolución también llega a la minería propiciando un trabajo más efectivo y seguro… aún así son muchos los que a día de hoy echan de menos la lámpara porque detectaba más gases que el grisú.

 

ARTÍCULOS DE PRENSA RELACIONADOS CON EL ACCIDENTE

Comparte en:

Submit to FacebookSubmit to Google BookmarksSubmit to TwitterSubmit to LinkedIn